Fue un hombre bueno y recto, al que tuve la fortuna de conocer, y un gran escritor. Dedicó su vida a la literatura sin buscar el aplauso, sino con un trabajo serio y constante, que estoy convencido de que con el tiempo recibirá la valoración que merece. Poseedor de una gran cultura, experto en literatura inglesa y francesa, fue un excelente traductor de importantes escritores, clásicos y modernos, en esas lenguas; y ensayista, narrador, columnista, crítico literario y poeta. Durante algunos años, se dedicó también a la docencia. La discreción, la amabilidad, el sentido del humor eran virtudes que destacaban en el trato con él. Merece la pena leer sus libros, muy personales, con una ironía sutil y un cosmopolitismo poco frecuente en los pagos literarios de por aquí. Sugiero algunos títulos, aunque sin ninguna pretensión de exhaustividad: en prosa: “El otoño en Crimea”, “Los secretos de San Gervasio”, “Dos historias romanas”, “Cuadernos de escritura”, “Los fugitivos”… Sus poesías completas están editadas en la colección “La Veleta” de la editorial Comares en 2007, pero hay que añadir su último libro, publicado el pasado otoño: “El corazón de Dios” (Ed. Cálamo). A él pertenece el siguiente poema:
“Todo es incalculable, como tuyo,
el aire de la vida
y hasta los hondos sueños que la pueblan;
los regalos sorprenden
como miel que se esconde en días ásperos
y no se deja ver la mano oculta
(la discreción es marca de la casa).
Uno piensa en hallazgos de tesoros
descubiertos a fuerza de listeza,
y entonces tu sonrisa acaba siendo
la dulce explicación de lo que somos.”
Luis Ramoneda
viernes, 20 de enero de 2012
viernes, 13 de enero de 2012
Río Paisano
Joaquín Antonio Peñalosa (San Luis Potosí, 1921-1999), sacerdote, poeta y ensayista, es uno de los más destacados escritores mexicanos del siglo pasado, académico de la lengua desde 1955. "Río Paisano" es un poemario póstumo, el primero de Peñalosa que se edita en España, gracias a la Fundación sevillana Altair (Cuadernos Númenor, 24). El próximo miércoles, 18 de enero, a las 19.30 h, habrá un acto de presentación del libro en la sede madrileña del Instituto Mexicano (Carrera de San Jerónimo, 46). Ofrezco como muestra de este magnífico libro -buena síntesis de toda la obra poética de Peñalosa, como señala Fernano Arredondo en el prólogo-, el último poema, un soneto:
MUERTE NO ES MORIR
Si ya vas a venir, hazlo más tarde,
aunque mi luz apenas parpadea,
no es que a vivir me aferre, no es que crea
que convertirme en polvo me acobarde.
En mi invierno, el jardín florece y arde
y, a pesar de mi noche, el sol flamea;
deja que se retarde tu tarea,
deja mi río y que tu mar aguarde.
Pero si no seré jamás lo que persigo,
si del árbol de ayer quedó una astilla,
a qué esperar la muerte tan sencilla.
Mi llaga en paz y mi cizaña en trigo,
Dios besó al pecador en la mejilla,
y muerte no es morir si estoy contigo.
MUERTE NO ES MORIR
Si ya vas a venir, hazlo más tarde,
aunque mi luz apenas parpadea,
no es que a vivir me aferre, no es que crea
que convertirme en polvo me acobarde.
En mi invierno, el jardín florece y arde
y, a pesar de mi noche, el sol flamea;
deja que se retarde tu tarea,
deja mi río y que tu mar aguarde.
Pero si no seré jamás lo que persigo,
si del árbol de ayer quedó una astilla,
a qué esperar la muerte tan sencilla.
Mi llaga en paz y mi cizaña en trigo,
Dios besó al pecador en la mejilla,
y muerte no es morir si estoy contigo.
viernes, 6 de enero de 2012
Libros imprescindible
Todo buen lector se plantea, ante la avalancha de títulos que se nos ofrecen: ¿qué libro elegir? Hay muchos totalmente prescindibles. Pienso que merece la pena leer aquello que nos enriquece como personas, lo cual no está reñido ni con el descanso ni con disfrutar con la lectura.
"Réquiem por Nagasaki", libro reeditado hace unos meses por la editorial Palabra, es uno de esos títulos que merece la pena leer. A mí, me lo recomendó José Ignacio Peláez; tras la lectura, se lo he aconsejado a otros y todos me lo han agradecido y se han convertido, a su vez, en divulgadores del libro.
Paul Glynn, el autor, nacido en 1928 en Australia, es un marista que ha pasado muchos años en Japón. En este libro, nos cuenta la historia del doctor Takashi Nagai, radiólogo, converso al católicismo tras leer a Pascal. Su mujer, también católica, falleció el 9 de agosto de 1945, al caer la bomba atómica sobre Nagasaki. Sus hijos se salvaron porque ese día estaban con los abuelos. El doctor Nagai realizó, antes y después del bombardeo, una labor impresionante, fruto de su fe y de su gran amor a Dios. Además, se cuenta la heroica historia de los inicios del catolicismo en el Japón, con muchos mártires. Un libro que ayuda a entender la fuerza de la oración, el sentido del dolor, la alegría en medio de las mayores dificultades, el amor a los demás... Invito a leerlo. Luis Ramoneda.
"Réquiem por Nagasaki", libro reeditado hace unos meses por la editorial Palabra, es uno de esos títulos que merece la pena leer. A mí, me lo recomendó José Ignacio Peláez; tras la lectura, se lo he aconsejado a otros y todos me lo han agradecido y se han convertido, a su vez, en divulgadores del libro.
Paul Glynn, el autor, nacido en 1928 en Australia, es un marista que ha pasado muchos años en Japón. En este libro, nos cuenta la historia del doctor Takashi Nagai, radiólogo, converso al católicismo tras leer a Pascal. Su mujer, también católica, falleció el 9 de agosto de 1945, al caer la bomba atómica sobre Nagasaki. Sus hijos se salvaron porque ese día estaban con los abuelos. El doctor Nagai realizó, antes y después del bombardeo, una labor impresionante, fruto de su fe y de su gran amor a Dios. Además, se cuenta la heroica historia de los inicios del catolicismo en el Japón, con muchos mártires. Un libro que ayuda a entender la fuerza de la oración, el sentido del dolor, la alegría en medio de las mayores dificultades, el amor a los demás... Invito a leerlo. Luis Ramoneda.
domingo, 1 de enero de 2012
Boletín de Ayuda al Redactor
Enero de 2012
Revisar los textos siguientes (s: soluciones)
1. “Santuario de terroristas” (titular de un artículo de opinión de un periódico); s: “Refugio (escondite…) de terroristas” (se trata de una traducción directa y mala del inglés. Porque sanctuary significa ‘refugio’, mientras que santuario es el lugar donde se venera a la Virgen, a un santo…).
2. “El próximo día 22, habrá un acto penitenciario” (escuchado en una iglesia madrileña; s: El próximo día 22, habrá un acto penitencial (penitencial: relativo a la penitencia; penitenciario: se refiere a las penitenciarías o cárceles).
3. Catástrofe humanitaria en Japón; s: Catástrofe humana en Japón (se puede decir “acción humanitaria”…, pero no se debe aplicar este adjetivo a una catástrofe, que de humanitaria –caritativa, altruista…– tiene poco).
4. “Papá, esta mañana habían muchos niños jugando en el parque” (frase oída en la calle madrileña de Viriato); s: Papá, esta mañana había muchos niños jugando en el parque (se trata de una oración impersonal, por tanto el verbo irá en tercera persona del singular: “muchos niños” no es el sujeto de “había” sino de “jugando”).
5. “[falleció] como consecuencia de los malos tratos sufridos por la Gestapo durante la guerra” (de un libro de historia); s: frase en la que se dice lo contrario de lo que se quiere expresar: “falleció como consecuencia de los malos tratos infligidos (causados, ocasionados) por la Gestapo” (o “a los que fue sometido por la Gestapo”…).
6. “Una de las tareas se han completado adecuadamente” (comodín informático); s: un caso de mala concordancia entre sujeto (singular) y verbo (plural): “Una de las tareas se ha completado adecuadamente”.
7. La mujer fallecida estaba casada con cuatro hijos y siete nietos; s: frase ambigua: “La mujer fallecida tenía cuatro hijos y siete nietos” (o “estaba casada y era madre de cuatro hijos y abuela de siete nietos”…).
8. Los ministros económicos se reúnen en Bruselas; s: Los ministros de economía se reúnen en Bruselas.
9. Este aparato resulta de mucha economía; s: Este aparato resulta muy económico.
10. “Transité aquel paraje lleno de niños” (leído en una crónica periodística); s: Transité por aquel paraje lleno de niños (el error está en usar como transitivo un verbo intransitivo).
11. El mensaje de Alberto incluía un attachment con fotos de la excursión; s: El mensaje de Alberto incluía un archivo con fotos de la excursión (attachment es un anglicismo innecesario).
12. En el autobús, se hablaba del affaire Leblanc; s: En el autobús, se hablaba del escándalo (asunto, lío) Leblanc (affaire es un galicismo innecesario).
Algunos sinónimos de:
Miseria: pobreza, indigencia, penuria, necesidad, estrechez; sufrimiento, desgracia, infelicidad, desdicha, infortunio, desventura; tacañería, roñosería, mezquindad, cicatería, ruindad, avaricia; minucia, pequeñez, menudencia, insignificancia, nimiedad, nadería, futilidad, fruslería, bagatela.
Misericordia: lástima, piedad, compasión, clemencia, caridad, conmiseración, indulgencia.
Misión: labor, obra, cometido, tarea; comisión, delegación, embajada; apostolado, evangelización.
Mismo: idéntico, exacto, igual, semejante, parecido, similar.
Luis Ramoneda (Madrid, 1 de enero de 2012)
Enero de 2012
Revisar los textos siguientes (s: soluciones)
1. “Santuario de terroristas” (titular de un artículo de opinión de un periódico); s: “Refugio (escondite…) de terroristas” (se trata de una traducción directa y mala del inglés. Porque sanctuary significa ‘refugio’, mientras que santuario es el lugar donde se venera a la Virgen, a un santo…).
2. “El próximo día 22, habrá un acto penitenciario” (escuchado en una iglesia madrileña; s: El próximo día 22, habrá un acto penitencial (penitencial: relativo a la penitencia; penitenciario: se refiere a las penitenciarías o cárceles).
3. Catástrofe humanitaria en Japón; s: Catástrofe humana en Japón (se puede decir “acción humanitaria”…, pero no se debe aplicar este adjetivo a una catástrofe, que de humanitaria –caritativa, altruista…– tiene poco).
4. “Papá, esta mañana habían muchos niños jugando en el parque” (frase oída en la calle madrileña de Viriato); s: Papá, esta mañana había muchos niños jugando en el parque (se trata de una oración impersonal, por tanto el verbo irá en tercera persona del singular: “muchos niños” no es el sujeto de “había” sino de “jugando”).
5. “[falleció] como consecuencia de los malos tratos sufridos por la Gestapo durante la guerra” (de un libro de historia); s: frase en la que se dice lo contrario de lo que se quiere expresar: “falleció como consecuencia de los malos tratos infligidos (causados, ocasionados) por la Gestapo” (o “a los que fue sometido por la Gestapo”…).
6. “Una de las tareas se han completado adecuadamente” (comodín informático); s: un caso de mala concordancia entre sujeto (singular) y verbo (plural): “Una de las tareas se ha completado adecuadamente”.
7. La mujer fallecida estaba casada con cuatro hijos y siete nietos; s: frase ambigua: “La mujer fallecida tenía cuatro hijos y siete nietos” (o “estaba casada y era madre de cuatro hijos y abuela de siete nietos”…).
8. Los ministros económicos se reúnen en Bruselas; s: Los ministros de economía se reúnen en Bruselas.
9. Este aparato resulta de mucha economía; s: Este aparato resulta muy económico.
10. “Transité aquel paraje lleno de niños” (leído en una crónica periodística); s: Transité por aquel paraje lleno de niños (el error está en usar como transitivo un verbo intransitivo).
11. El mensaje de Alberto incluía un attachment con fotos de la excursión; s: El mensaje de Alberto incluía un archivo con fotos de la excursión (attachment es un anglicismo innecesario).
12. En el autobús, se hablaba del affaire Leblanc; s: En el autobús, se hablaba del escándalo (asunto, lío) Leblanc (affaire es un galicismo innecesario).
Algunos sinónimos de:
Miseria: pobreza, indigencia, penuria, necesidad, estrechez; sufrimiento, desgracia, infelicidad, desdicha, infortunio, desventura; tacañería, roñosería, mezquindad, cicatería, ruindad, avaricia; minucia, pequeñez, menudencia, insignificancia, nimiedad, nadería, futilidad, fruslería, bagatela.
Misericordia: lástima, piedad, compasión, clemencia, caridad, conmiseración, indulgencia.
Misión: labor, obra, cometido, tarea; comisión, delegación, embajada; apostolado, evangelización.
Mismo: idéntico, exacto, igual, semejante, parecido, similar.
Luis Ramoneda (Madrid, 1 de enero de 2012)
martes, 27 de diciembre de 2011
Los Santos Inocentes
La matanza de los Santos Inocentes ordenada por el rey Herodes, que se conmemora el 28 de diciembre, es uno de los episodios más estremecedores de la Biblia. Dos mil años después, sigue asesinándose a los más indefensos: recientemente, por poner unos ejemplos, hemos leído que el número de abortos en España ha superado los cien mil; la pasada noche de Navidad, más de cuarenta católicos nigerianos fueron asesinados por fanáticos islamistas… Resulta dolorosísima la vigencia, veinte siglos después, de las trágicas palabras recogidas por San Mateo tras narrar aquella terrible matanza en Belén y su comarca: “Una voz se oyó en Ramá, // llanto y lamento grande: // es Raquel que llora a sus hijos // y no admite consuelo, porque ya no existen."
Como afirma Juan Bautista Torelló en "Psicología y vida espiritual", libro enriquecedor, “el pecado es el agente patógeno más nocivo que existe en la sociedad: si milagrosamente desapareciesen de golpe las enfermedades y sufrimientos físicos que provienen del orgullo (violencia contra las personas y los pueblos, guerras con todas sus secuelas inmediatas y a largo plazo, cruentas, infecciosas, etc.), las producidas por la gula (enfermedades metabólicas, alcoholismo, trastornos circulatorios, etc.), y las que origina la vanidad (excesos competitivos, incidentes, maledicencias, etc.), así como las causadas por la lujuria (enfermedades venéreas, sida, trastornos endocrinos diversos, etc.), pecado al que contribuye –al igual que a los demás y, por tanto, a los males y dolores que comportan– una red inextricable de cooperadores y propagadores: escritores, periodistas, fotógrafos, médicos imprudentes, farmacéuticos, publicitarios, políticos, editores, industriales…; si además lográsemos eliminar las consecuencias patológicas de la indolencia, la testarudez, la avaricia, el ansia de poder, la mentira, el espíritu de venganza, el fraude y el odio…, entonces nuestro mundo se transformaría de tal guisa que sería irreconocible: en un mundo sin pecado, al sufrimiento físico no le quedaría más que un campo restringidísimo”. Poco se puede añadir a esa sabia reflexión; al fin y al cabo, casi todo depende de cómo se comporte cada uno día a día, esa es nuestra gran responsabilidad como individuos y como ciudadanos. Luis Ramoneda
Como afirma Juan Bautista Torelló en "Psicología y vida espiritual", libro enriquecedor, “el pecado es el agente patógeno más nocivo que existe en la sociedad: si milagrosamente desapareciesen de golpe las enfermedades y sufrimientos físicos que provienen del orgullo (violencia contra las personas y los pueblos, guerras con todas sus secuelas inmediatas y a largo plazo, cruentas, infecciosas, etc.), las producidas por la gula (enfermedades metabólicas, alcoholismo, trastornos circulatorios, etc.), y las que origina la vanidad (excesos competitivos, incidentes, maledicencias, etc.), así como las causadas por la lujuria (enfermedades venéreas, sida, trastornos endocrinos diversos, etc.), pecado al que contribuye –al igual que a los demás y, por tanto, a los males y dolores que comportan– una red inextricable de cooperadores y propagadores: escritores, periodistas, fotógrafos, médicos imprudentes, farmacéuticos, publicitarios, políticos, editores, industriales…; si además lográsemos eliminar las consecuencias patológicas de la indolencia, la testarudez, la avaricia, el ansia de poder, la mentira, el espíritu de venganza, el fraude y el odio…, entonces nuestro mundo se transformaría de tal guisa que sería irreconocible: en un mundo sin pecado, al sufrimiento físico no le quedaría más que un campo restringidísimo”. Poco se puede añadir a esa sabia reflexión; al fin y al cabo, casi todo depende de cómo se comporte cada uno día a día, esa es nuestra gran responsabilidad como individuos y como ciudadanos. Luis Ramoneda
domingo, 18 de diciembre de 2011
Cuento de Navidad
La flauta de caña (cuento navideño)
Había sido una jornada difícil. Daniel y Zacarías, los dos zagales de la hacienda, se pelearon, porque Zacarías acusó a Daniel ante el mayoral de algo que no había hecho. A pesar de los golpes, lo que de veras dolió a Daniel fue que Zacarías le rompió la flauta de caña, labrada por su abuelo Jacob. Daniel era un excelente flautista y soñaba con dejar un día el rebaño y viajar de pueblo en pueblo con otros músicos.
Al atardecer, se sintió muy abatido y, en cuanto el rebaño estuvo en el redil, buscó un rincón en la majada, extendió su manta entre la paja y se quedó dormido, ajeno a las chanzas de los demás pastores. Sin embargo, bien entrada la noche, se despertó sobresaltado: el motivo no fueron los rayos de la luna llena, a los que ya se había acostumbrado, ni las voces de los pastores, sino el canto armonioso de todos los pájaros del soto: sus buenos amigos el jilguero, la calandria, el ruiseñor, la elegante oropéndola e incluso la tímida alondra entonaban una majestuosa sinfonía de trinos, en plena noche y con el invierno recién iniciado.
Daniel se levantó y vio que los demás pastores se habían ido sin avisarlo, excepto Leví, que se había quedado para guardar el rebaño, y le contó lo sucedido:
–A media noche, se nos han aparecido unos ángeles para anunciarnos que acababa de nacer el Mesías en una cueva cerca de Belén. Se han ido todos a adorarlo. Estabas tan dormido que el mayoral dijo que no te despertaran.
Sin pensarlo dos veces, Daniel salió corriendo en dirección a Belén. Los pájaros del soto seguían entonando maravillosos trinos y, en cuanto salió a la cañada, lo sorprendió el resplandor de una estrella en mitad del firmamento, como una saeta de oro suspendida encima de una loma. Aceleró sus pasos en aquella dirección y no tardó en escuchar las voces de un coro invisible y en ver a sus compañeros de la majada y a otros pastores de aquellos parajes reunidos alrededor de una gruta iluminada por el esplendoroso lucero que lo había guiado.
En la cueva, había un mozo joven y fuerte y una muchacha hermosa como un rosal, que tenía en su regazo a un recién nacido de ojos perfectos. Los pastores se acercaban tímidamente, adoraban al Niño-Dios y le ofrecían pequeños obsequios, que la madre agradecía con una sonrisa y su marido guardaba en un rincón de la cueva, que calentaban un buey y un pollino.
Mientras se acercaba a la gruta, Daniel buscó algún presente en su zurrón, pero solo había un mendrugo de pan, un trozo de queso de oveja rancio y su flauta rota. Al llegar junto al Niño Jesús, se arrodilló, pero gruesos lagrimones resbalaron por sus sucias mejillas.
–¿Qué te ocurre buen pastorcillo? –le preguntó la Virgen con su voz suave como las brisas de abril–.
–Señora, no tengo nada que ofrecer a vuestro hijo, tan sólo mi pequeña flauta rota, que ya nunca podré tocar.
–No te apures, siéntate a mi lado. A mí, me gusta tu flauta rota y la guardaré siempre, y sé que a mi hijo también le agradará, porque es el regalo de tu buen corazón. Y le dio un beso como los que le daba su madre.
Daniel se sentó junto a los pies del pollino, que rebuznó discretamente, y la Virgen susurró algo a San José, que salió de la cueva.
El coro invisible seguía cantando y llegaban otras gentes a adorar al Niño-Dios. Cuando se fueron los últimos visitantes, los ángeles callaron para que la Sagrada Familia descansara. Daniel, fatigado por tantas emociones, se había dormido de nuevo, pero la Virgen lo despertó suavemente.
–¿Te gustaría acompañarme con la flauta, para que mi hijo se duerma mientras le canto una nana?
–Sí, Señora, pero mi flauta está rota.
–No te preocupes, Daniel, te daré una mejor, que ha fabricado José, mi noble esposo.
Daniel se puso de pie y, en el silencio de la luminosa noche, se escuchó una voz, dulce como las flores primaverales –acompañada por el son de una flauta, limpio como el rocío–, y el aplauso de los ángeles.
Luis Ramoneda
Había sido una jornada difícil. Daniel y Zacarías, los dos zagales de la hacienda, se pelearon, porque Zacarías acusó a Daniel ante el mayoral de algo que no había hecho. A pesar de los golpes, lo que de veras dolió a Daniel fue que Zacarías le rompió la flauta de caña, labrada por su abuelo Jacob. Daniel era un excelente flautista y soñaba con dejar un día el rebaño y viajar de pueblo en pueblo con otros músicos.
Al atardecer, se sintió muy abatido y, en cuanto el rebaño estuvo en el redil, buscó un rincón en la majada, extendió su manta entre la paja y se quedó dormido, ajeno a las chanzas de los demás pastores. Sin embargo, bien entrada la noche, se despertó sobresaltado: el motivo no fueron los rayos de la luna llena, a los que ya se había acostumbrado, ni las voces de los pastores, sino el canto armonioso de todos los pájaros del soto: sus buenos amigos el jilguero, la calandria, el ruiseñor, la elegante oropéndola e incluso la tímida alondra entonaban una majestuosa sinfonía de trinos, en plena noche y con el invierno recién iniciado.
Daniel se levantó y vio que los demás pastores se habían ido sin avisarlo, excepto Leví, que se había quedado para guardar el rebaño, y le contó lo sucedido:
–A media noche, se nos han aparecido unos ángeles para anunciarnos que acababa de nacer el Mesías en una cueva cerca de Belén. Se han ido todos a adorarlo. Estabas tan dormido que el mayoral dijo que no te despertaran.
Sin pensarlo dos veces, Daniel salió corriendo en dirección a Belén. Los pájaros del soto seguían entonando maravillosos trinos y, en cuanto salió a la cañada, lo sorprendió el resplandor de una estrella en mitad del firmamento, como una saeta de oro suspendida encima de una loma. Aceleró sus pasos en aquella dirección y no tardó en escuchar las voces de un coro invisible y en ver a sus compañeros de la majada y a otros pastores de aquellos parajes reunidos alrededor de una gruta iluminada por el esplendoroso lucero que lo había guiado.
En la cueva, había un mozo joven y fuerte y una muchacha hermosa como un rosal, que tenía en su regazo a un recién nacido de ojos perfectos. Los pastores se acercaban tímidamente, adoraban al Niño-Dios y le ofrecían pequeños obsequios, que la madre agradecía con una sonrisa y su marido guardaba en un rincón de la cueva, que calentaban un buey y un pollino.
Mientras se acercaba a la gruta, Daniel buscó algún presente en su zurrón, pero solo había un mendrugo de pan, un trozo de queso de oveja rancio y su flauta rota. Al llegar junto al Niño Jesús, se arrodilló, pero gruesos lagrimones resbalaron por sus sucias mejillas.
–¿Qué te ocurre buen pastorcillo? –le preguntó la Virgen con su voz suave como las brisas de abril–.
–Señora, no tengo nada que ofrecer a vuestro hijo, tan sólo mi pequeña flauta rota, que ya nunca podré tocar.
–No te apures, siéntate a mi lado. A mí, me gusta tu flauta rota y la guardaré siempre, y sé que a mi hijo también le agradará, porque es el regalo de tu buen corazón. Y le dio un beso como los que le daba su madre.
Daniel se sentó junto a los pies del pollino, que rebuznó discretamente, y la Virgen susurró algo a San José, que salió de la cueva.
El coro invisible seguía cantando y llegaban otras gentes a adorar al Niño-Dios. Cuando se fueron los últimos visitantes, los ángeles callaron para que la Sagrada Familia descansara. Daniel, fatigado por tantas emociones, se había dormido de nuevo, pero la Virgen lo despertó suavemente.
–¿Te gustaría acompañarme con la flauta, para que mi hijo se duerma mientras le canto una nana?
–Sí, Señora, pero mi flauta está rota.
–No te preocupes, Daniel, te daré una mejor, que ha fabricado José, mi noble esposo.
Daniel se puso de pie y, en el silencio de la luminosa noche, se escuchó una voz, dulce como las flores primaverales –acompañada por el son de una flauta, limpio como el rocío–, y el aplauso de los ángeles.
Luis Ramoneda
miércoles, 14 de diciembre de 2011
San Juan de la Cruz
Hoy, día en que la Iglesia Católica celebra a San Juan de la Cruz, me parece una buena ocasión para la poesía. Ofrezco el excelente poema con el que se inicia "Sueño del origen", el último libro del poeta murciano Eloy Sánchez Rosillo (Ed. Tusquets, 2011):
AL DESPUNTAR EL DÍA
QUE el gesto ensimismado de tu rostro
no enturbie la mañana. Ahora que está naciendo,
no la intimides en su impulso frágil
con tus oscuras elucubraciones
y el desamparo de esos ojos tristes.
Mírala apenas, no la asustes, no
impidas que se alce como una palma joven
y que su claridad vaya extendiéndose
libre en el cielo. Si la dejas ser,
crecer, hacerse adulta, ha de venir más tarde
-dueña de sí, señora de sus actos-
a buscar tu amistad y a hablar contigo
de cosas verdaderas. Podrás ver
cómo consigue sin esfuerzo entonces
que tus preocupaciones se disipen,
cómo te lava, alegre, con su luz prodigiosa
y logra que respires sosegado,
limpio ya de tus propias asechanzas,
ajeno a todo mal.
Luis Ramoneda
AL DESPUNTAR EL DÍA
QUE el gesto ensimismado de tu rostro
no enturbie la mañana. Ahora que está naciendo,
no la intimides en su impulso frágil
con tus oscuras elucubraciones
y el desamparo de esos ojos tristes.
Mírala apenas, no la asustes, no
impidas que se alce como una palma joven
y que su claridad vaya extendiéndose
libre en el cielo. Si la dejas ser,
crecer, hacerse adulta, ha de venir más tarde
-dueña de sí, señora de sus actos-
a buscar tu amistad y a hablar contigo
de cosas verdaderas. Podrás ver
cómo consigue sin esfuerzo entonces
que tus preocupaciones se disipen,
cómo te lava, alegre, con su luz prodigiosa
y logra que respires sosegado,
limpio ya de tus propias asechanzas,
ajeno a todo mal.
Luis Ramoneda
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