El jueves 18 de noviembre a las ocho de la tarde, ha tenido lugar en el Colegio Mayor Moncloa la III Conferencia de las Artes Josemaría Escrivá de Balaguer. En esta ocasión tuvo como ponente al poeta y profesor Carmelo Guillén Acosta.
Estas Conferencias, organizadas por la Fundación Moncloa 2000, en las que han participado en anteriores ediciones los escritores Carlos Pujol y Blanca García-Valdecasas, tienen como fin convocar a reconocidos artistas que hayan destacado por la calidad de su obra literaria y por el sentido cristiano y humano que la inspira.
San Josemaría, el Colegio Mayor Moncloa y los artistas
San Josemaría promovió la puesta en marcha del Colegio Mayor Moncloa en 1943, como continuación de la Residencia de estudiantes de Jenner, que había iniciado su andadura en 1939, y de la Residencia de universitarios de la calle Ferraz. Movilizó a muchas personas y sobre todo rezó e hizo rezar por la labor de formación que allí se haría. Gracias a su influjo, la vida en Moncloa estuvo marcada desde el principio por la búsqueda de la santidad y la unión con Cristo a través del estudio, el buen humor y la altura humana y cultural.
San Josemaría impulsó y siguió muy de cerca los comienzos del Colegio Mayor Moncloa, germen de otras muchas instituciones universitarias en todo el mundo, como centro donde muchos jóvenes universitarios se formaran en un clima de libertad y excelencia académica y de trabajo bien hecho para servir mejor a la sociedad, cultivando una gran sensibilidad para todo lo verdaderamente humano, como base para un confiado trato con Dios.
Desde el principio, se formaron y pasaron por Moncloa un buen número de artistas, escritores y poetas como Bartolomé Llorens o Carlos Bousoño. El patio del Colegio Mayor fue escenario de exposiciones de Eduardo Chillida y otros artistas; destacan en el Colegio los murales y cuadros marineros del pintor Pepe Alzuet y de ciudades de Fernando Colomo, los murales vanguardistas del arquitecto Ignacio Vicens y del artista Javier Viver y los conciertos de la Orquesta Académica de Madrid, dirigidos por el director del orquesta Iñigo Pírfano.
III Conferencia de las Artes San Josemaría Escrivá
El poeta Juan Meseguer, Accésit del Premio Adonais y Premio de Poesía Arcipreste de Hita, presentó al poeta sevillano Carmelo Guillén Acosta, Catedrático de Lengua Castellana y Literatura de Enseñanza Media desde 1979, Director de la colección Adonais de Poesía, y Presidente del Jurado del Premio Adonais, el premio para jóvenes poetas más longevo de nuestro país, y de gran prestigio porque ha sabido descubrir y premiar muchos de los grandes poetas españoles de la segunda mitad del s XX, cuando todavía eran muy jóvenes: Rafael Morales, José Antonio Muñoz Rojas, Vicente Gaos, Pablo García Baena, José Manuel Caballero Bonald, Carlos Murciano, María Victoria Atencia, Angel García López, Luis López Anglada, José Gerardo Manrique de Lara, Claudio Rodríguez, José Hierro, Francisco Brines, José Angel Valente, etc.
Autor de siete poemarios por los que ha obtenido diversos reconocimientos: Accésit del Adonáis, Primer Premio Internacional de Poesía San Juan de la Cruz, Premio Tiflos, etc.
Destacó Juan Meseguer el poder subversivo de la obra de Carmelo Guillén para cambiar el mundo, que va unido a su concepción del amor: frente a la fuerza violenta de los poderosos, él reivindica la fuerza pacífica del amor-entrega; así comienza un poema suyo: “Nadie como el que ama mejora tanto el mundo”. La poesía concebida como un modo de querer a los demás se convierte así en poesía preformativa, capaz de incidir en el mundo, de herir los corazones y provocar cambios para el bien.
Subrayó Juan Meseguer en su presentación las tres características que definen en su opinión la poesía de Carmelo Guillén Acosta: es una poesía magnánima, cordial y luminosa. Trata temas cotidianos, pero dice cosas relevantes sobre la condición humana: sobre el amor, la amistad, el dolor, la muerte o la esperanza. Su poesía es cordial, hondamente humana y compasiva, por su concepción cristiana de la piedad, que no tiene nada que ver con la “moral de esclavos” de la que hablaba Nietzsche, pues esa piedad, esa predisposición constante hacia los que sufren, requiere tal energía que sería sencillamente impracticable para los supuestos débiles miembros del rebaño imaginados por Nietzsche. Y es una poesía luminosa, que desborda alegría de vivir, también cuando trata de los aspectos más dolorosos de la existencia, como en su poemario La vida es lo secreto.
Carmelo Guillén Acosta comenzó su intervención definiendo la creación poética como una cuestión de ritmo y de amor-entrega: el poeta pone el ritmo en su condición de poeta y el hombre que hay en él, su entrega. De esta manera, escribir se convierte en un trabajo gustoso, por emplear la expresión de Juan Ramón Jiménez, con el que uno procura dar lo mejor de sí mismo, lo más auténtico a los demás: la poesía se transforma en el mejor modo que tiene un autor para querer a los demás… En una ocasión, a García Lorca le preguntaron para qué escribía y él contestó que para que le quisieran. Es verdad, todas las personas necesitan que les quieran, yo también, pero igual que otros se arriman a la escritura poética para conocer, yo lo hago para darme cuenta de que amo, para acercarme a los demás, para ponerme en contacto con los que necesitan de mí. Cada poema mío pretende ser una conversación, un encuentro de amistad, una celebración compartida de felicidad. Escribo fundamentalmente para querer. Este poema es un ejemplo:
Nadie como el que ama entiende tanto el mundo
ni a nadie como a él se le abren más puertas
tan clara es su mirada como de estar atento
pues lo que ven sus ojos es amor y él lo anuncia
amor ése es su sino y por eso convence.
Nadie como el que ama gusta tanto en el mundo
conforme se levanta se ducha se perfuma
y al día se le ve marcharse alegre mente
qué gozo quien lo encuentra pues lo tiene de amigo
y así cualquiera puede aguantar lo que venga
Y nadie como él sabe estar en el mundo
que llega a su trabajo y dice buenos días
se remanga los puños y atiende a sus colegas
y como cualquier otro es igual de importante
y se rasca la oreja y se retira al baño
Nadie como el que ama puede tanto en el mundo
le es fiel a su amor y si ama otras cosas
si ama a quien lo encuentra es porque está seguro
de que lo suyo es suerte y se ve que no humilla
se ve que tiene el don de estar siempre aprendiendo
Nadie como el que ama mejora tanto el mundo
ni nadie como él nos hace tanta falta
tan fácil es querer a quien nos quiere bien
que luego ya se sabe produce sus afectos
y claro son de amor las obras que se siguen
Y nadie como él es tan libre en el mundo
que vuelve al fin a casa tan libre cada día
tras cada día de amor de como el que no quiere
regresa y es su casa lugar apetecido
y todo porque tiene a diario a quien amar
Con la nostalgia y la melancolía apenas me llevo bien. Los versos publicados a raíz del fallecimiento de mis padres y de mi hermano no son de tristeza –aunque desprendan dolor─, ni de amargura, ni de desesperanza –aunque traigan jirones de carne entre sus imágenes─. Una chispa de luz los ha compuesto. Es lo que siempre he querido de la poesía: que me proporcione una chispa de luz. ¡No me convence lo que no transmite ganas de vivir, por muy correcta que esté escrita!, pues si entiendo la escritura como un acto de amor, es lógico que, con mis palabras, no me agrade apesadumbrar a nadie.
En este ámbito, mi poesía trae muchas experiencias de amistad, de encuentro gozoso con otras personas, de arraigo, de vínculo. Cada uno de mis textos no nace de la sensiblería ni la melosidad, sino de una experiencia de amor. Por esta razón, la edición completa de mi poesía se ha recogido bajo el título de Aprendiendo a querer. Por ejemplo, esta experiencia se transparenta en este poema:
De amigos ando bien y me gusta enseñarlos
en álbumes de fotos y hacerlos coincidir
y que se den sus números de teléfono, que tengan
entre ellos un trato. De amigos ando bien
y hacen lo que quieren de mí, sin consultármelo
que vienen a mi vida y me cogen el peine,
y se peinan, y me ponen los versos perdidos
de afecto, y se resbalan en este corazón
que es su casa. De amigos ando bien, si no yo
de qué iba a dármelas, de qué, si ellos suelen
mostrarme a las visitas y hacerme coincidir
con sus otros amigos, y andan ocupados en mí,
en si me peino, en si estoy cómodo, si salgo
en mangas de cariño o si llevo o no el cuello
rozado de quererlos. De amigos ando bien
y me noto importante, tal vez algo más gordo
de ser feliz, por eso me quedan las camisas
estrechas y me sale el brillo en la mirada
sólo porque de amigos ando bien, si no vedme
sentado a dos asientos o intentando alcanzarles
la luna, que me son leales y culpables
de todo: de peinarme así, como más guapo,
y perderme en mis versos e irme de teléfonos
y fotos y visitas y dármelas de qué;
no sé, culpables, ellos, mis amigos. ¡En serio!
Simultáneamente, considero la poesía como una cuestión de ritmo porque es lo esencial al poema. Con León Felipe distingo que el poeta auténtico es el poeta del ritmo. Sin ritmo no hay poesía. El don del ritmo le es dado a pocos. Lo mismo, por ejemplo, que un cantaor flamenco o un tenor nacen, el poeta nace con un sentido lírico del ritmo que debe cultivar. La poesía es un modo de aprehender el tiempo, que eso es el ritmo. Antonio Machado decía que la poesía es la palabra esencia en el tiempo. En mi caso, la mía representa mi propio tiempo vital, mi propio ritmo vital, el ritmo de una persona que vive la vida moderna como un itinerante o un romero que saborea positivamente su paso por este mundo. Y el ritmo de la mayor parte de mis poemas es el del verso alejandrino, o de catorce sílabas. El ritmo lo expreso a veces también en la superposición de endecasílabos (once sílabas) con el alejandrino, o superponiendo estructuras métricas tradicionales, como las seguidillas, o con las pausas o encabalgamientos… Otros recursos que utilizo son el uso del lenguaje corriente, las preguntas retóricas, eslóganes de publicidad…
Por supuesto, mi poesía trae mucho del mundo literario: San Juan de la Cruz sobre todo, Garcilaso de la Vega, Quevedo, Jorge Manrique, Ionesco, Juan Ramón Jiménez, y de la lírica popular.
Y en los últimos años se ha abierto a otro tema ligado al mundo de lo invisible, el de la gracia, el mundo de la gratuidad de todo lo creado, y este camino me llevó a la idea de la capacidad del hombre de ser redimido, sanado, y me trajo la de la expiación. Para quienes conocen mi obra poética, este acercamiento a la gracia puede suponer una auténtica novedad; para mí lo ha sido y lo sigue siendo. Poemas positivos cargados de transparencia y luminosidad. La luz es la auténtica protagonista, símbolo de la gracia que lo circunda todo. Estos poemas los recojo en mi nuevo libro en ciernes, Donde no supe. Y aunque este poema es de una época anterior, puede servir para hacerse una idea de lo que digo:
Y aquí de qué me sirve abrir los ojos, darme
al goce del instante, al ancho mirador
del mundo, disfrutar de todo cuanto alcanza
la vista, me pregunto; de qué me sirve, estando
como estoy a tu aire, dónde más paisaje
que tú, en quien habito cuando cierro los ojos,
me da por recorrerte, geografía total,
y no hallo más límites que tu amor y tu luz.
La III Conferencia de las Artes San Josemaría Escrivá de Balaguer terminó con varias preguntas de los numerosos artistas y estudiantes asistentes sobre el estado de ánimo del poeta al escribir, a la que contestó Carmelo Guillén Acosta que él huye de la tristeza y de la melancolía al escribir, o la poesía huye de él: en su poesía siempre ha querido cantar al amor y a la vida, y esto no quiere decir que no aborde el dolor en sus poemas, sino que la mirada a todo lo humano siempre es de luz, no de oscuridad. A otra pregunta, destacó como sus principales maestros a Claudio Rodríguez y Juan de la Cruz. A una última pregunta sobre cómo reza el poeta, Carmelo Guillén Acosta destacó el don de su fe en Cristo como un don inmerecido, como un gran regalo.
domingo, 20 de noviembre de 2011
domingo, 16 de octubre de 2011
Elektra: Apoteosis musical versus tedio escénico
Elektra: Apoteosis musical versus tedio escénico
Representación de la Opera “Elektra” de Richard Strauss (1909) el día 11 de Octubre de 2011 en el Teatro Real de Madrid.
La temporada lírica del Teatro Real 2011-2012 se ha abierto con una producción procedente del Teatro San Carlo de Nápoles de la extraordinaria ópera de Richard Strauss (1864-1949) “Elektra”, con libreto del gran poeta Hugo von Hofmmansthal, basada en la tragedia homónima de Sófocles. El resultado artístico ha sido notable en lo musical, con una magnífica prestación vocal de las cantantes femeninas (auténticas protagonistas de la obra), la soprano wagneriana Deborah Polaski, poderosa y expresiva Elektra, turbadora Clitemnestra de Rosalind Plowright y extraordinaria , de ancho y bello timbre, Crisotemis de Ricarda Merbeth. Excelente la dirección musical del controvertido director ruso Semyon Bichkov, no siempre acertado en su acercamiento a los clásicos alemanes, pero que en esta ocasión dirigió con pulso férreo, magníficos “tempi” y variedad expresiva , de ambientes y colores cambiantes, la por otra parte, complejísima partitura orquestal (Richard Strauss fue un consumado orquestador) a una orquesta mastodóntica por sus efectivos (feu ampliado el foso, eliminándose las dos primeras filas del patio de butacas).La Sinfónica de Madrid, (ahora denominada por Mortier, el director artístico, Orquesta del Teatro Real) realizó un papel discreto, como por otra parte es habitual cuando se trata de óperas cuyas exigencias orquestales son especialmente elevadas (óperas de gran colorido o virtuosismo o de dificultosa escritura orquestal, es decir, de Wagner en adelante, pasando por Mussorgsky, Richard Strauss, Puccini, y repertorio del siglo XX).Se trata de uno de los talones de Aquiles del coliseo madrileño y de la gestión de Mortier, incapaz, como prometió, de dotar a nuestro primer teatro de Opera de una orquesta del nivel del Covent Garden, Opera de Paris, Metropolitan y no digamos ya de L¨Scala de Milán o la Opera de Viena.
Por otro lado, el justo éxito musical de esta “Elektra” madrileña quedó empañado por una pésima, anodina y ayuna de ideas puesta en escena de Ellen Hammer, de un estatismo insoportable y por una escenografía feísta, ramplona y acartonada (y unos figurines de corte y confección impresentables a estas alturas, ¿la crisis?) de Anselm Kiefer. De nuevo, la nefasta gestión del director artístico Mortier se pone de manifiesto. Como gran vendedor de humo e ilusiones vacuas, declaró al comienzo de su gestión que “iba a verse en el Real lo nunca visto en materia escenográfica”.Pues bien esta vez (y van ya demasiadas), la tediosa puesta en escena estuvo a punto de dar al traste con una gran función de Opera. Afortunadamente, la calidad de música y libreto y la excelente prestación vocal sacaron a flote la representación, pero estos tiempos tan complicados desde el punto de vista económico, nos lleva a preguntarnos si una producción tan ramplona, pero tan costosa (el teatro San Carlos es uno de los más importantes de Italia y por tanto de Europa, con un elevadísimo cachet de sus producciones) puede permitírsela un teatro de Opera como el Real, que tiene hechuras y ambición de gran coliseo (sin duda lo es) pero al que le hacen falta reformas clamorosas y una gestión que aporte una programación más variada, atendiendo a todos los gustos y repertorios y esencialmente más creativa y respetuosa con la auténtica Opera, fusión a partes iguales de drama y música, de música y drama. Lo uno en detrimento de lo otro resulta insuficiente, y el mayor espectáculo artístico y cultural queda devaluado sin remedio. De estos peligros el público madrileño sabe mucho (pues mucho ha padecido) y mientras gestores como Mortier impongan sus caprichosos criterios y den alas a la implacable dictadura de ocurrentes y extravagantes directores de escena, con sus plúmbeos, vacuos y tediosos montajes, la temporada operística madrileña se convertirá en un penoso calvario. Que de ello tome nota quien corresponda.
LUIS AGIUS
15 de Octubre de 2011
Representación de la Opera “Elektra” de Richard Strauss (1909) el día 11 de Octubre de 2011 en el Teatro Real de Madrid.
La temporada lírica del Teatro Real 2011-2012 se ha abierto con una producción procedente del Teatro San Carlo de Nápoles de la extraordinaria ópera de Richard Strauss (1864-1949) “Elektra”, con libreto del gran poeta Hugo von Hofmmansthal, basada en la tragedia homónima de Sófocles. El resultado artístico ha sido notable en lo musical, con una magnífica prestación vocal de las cantantes femeninas (auténticas protagonistas de la obra), la soprano wagneriana Deborah Polaski, poderosa y expresiva Elektra, turbadora Clitemnestra de Rosalind Plowright y extraordinaria , de ancho y bello timbre, Crisotemis de Ricarda Merbeth. Excelente la dirección musical del controvertido director ruso Semyon Bichkov, no siempre acertado en su acercamiento a los clásicos alemanes, pero que en esta ocasión dirigió con pulso férreo, magníficos “tempi” y variedad expresiva , de ambientes y colores cambiantes, la por otra parte, complejísima partitura orquestal (Richard Strauss fue un consumado orquestador) a una orquesta mastodóntica por sus efectivos (feu ampliado el foso, eliminándose las dos primeras filas del patio de butacas).La Sinfónica de Madrid, (ahora denominada por Mortier, el director artístico, Orquesta del Teatro Real) realizó un papel discreto, como por otra parte es habitual cuando se trata de óperas cuyas exigencias orquestales son especialmente elevadas (óperas de gran colorido o virtuosismo o de dificultosa escritura orquestal, es decir, de Wagner en adelante, pasando por Mussorgsky, Richard Strauss, Puccini, y repertorio del siglo XX).Se trata de uno de los talones de Aquiles del coliseo madrileño y de la gestión de Mortier, incapaz, como prometió, de dotar a nuestro primer teatro de Opera de una orquesta del nivel del Covent Garden, Opera de Paris, Metropolitan y no digamos ya de L¨Scala de Milán o la Opera de Viena.
Por otro lado, el justo éxito musical de esta “Elektra” madrileña quedó empañado por una pésima, anodina y ayuna de ideas puesta en escena de Ellen Hammer, de un estatismo insoportable y por una escenografía feísta, ramplona y acartonada (y unos figurines de corte y confección impresentables a estas alturas, ¿la crisis?) de Anselm Kiefer. De nuevo, la nefasta gestión del director artístico Mortier se pone de manifiesto. Como gran vendedor de humo e ilusiones vacuas, declaró al comienzo de su gestión que “iba a verse en el Real lo nunca visto en materia escenográfica”.Pues bien esta vez (y van ya demasiadas), la tediosa puesta en escena estuvo a punto de dar al traste con una gran función de Opera. Afortunadamente, la calidad de música y libreto y la excelente prestación vocal sacaron a flote la representación, pero estos tiempos tan complicados desde el punto de vista económico, nos lleva a preguntarnos si una producción tan ramplona, pero tan costosa (el teatro San Carlos es uno de los más importantes de Italia y por tanto de Europa, con un elevadísimo cachet de sus producciones) puede permitírsela un teatro de Opera como el Real, que tiene hechuras y ambición de gran coliseo (sin duda lo es) pero al que le hacen falta reformas clamorosas y una gestión que aporte una programación más variada, atendiendo a todos los gustos y repertorios y esencialmente más creativa y respetuosa con la auténtica Opera, fusión a partes iguales de drama y música, de música y drama. Lo uno en detrimento de lo otro resulta insuficiente, y el mayor espectáculo artístico y cultural queda devaluado sin remedio. De estos peligros el público madrileño sabe mucho (pues mucho ha padecido) y mientras gestores como Mortier impongan sus caprichosos criterios y den alas a la implacable dictadura de ocurrentes y extravagantes directores de escena, con sus plúmbeos, vacuos y tediosos montajes, la temporada operística madrileña se convertirá en un penoso calvario. Que de ello tome nota quien corresponda.
LUIS AGIUS
15 de Octubre de 2011
martes, 6 de septiembre de 2011
EL TRIUNFO DE LA PARADOJA
La Opera “San Francisco de Asís” de Olivier Messiaen en el Madrid Arena.
Representación del 11 de Julio de 2011.
Como un justificado acontecimiento, el Teatro Real presentó, con amplio despliegue publicitario, la apuesta más arriesgada y la única acertada hasta el momento del por otra parte, controvertido director artístico del Teatro, el belga Gerard Mortier (cuyos nefastos, provocadores, y fatuos criterios artístico-musicales padecemos desde esta temporada), esto es, una notable producción de la maravillosa obra maestra del gran compositor francés Olivier Messiaen, la magna Opera de tema religioso,“San Francisco de Asís”.
Esta extraordinaria Opera, inspirada en episodios de la vida del santo, de más de 6 horas de duración (descansos incluidos) se ponía en escena en Madrid por vez primera desde su estreno parisino en 1983, con una impactante escenografía de los hemanos Kabakov (una gigantesca cúpula de acero y cristal de 22 toneladas de peso, cuya iluminación cambiaba según las escenas y la temática de la acción, bajo la cual se situaron coro y orquesta) lo que , en teoría, (pero no en la práctica, la Opera hubiera debido ofrecerse con una escenografía más reducida en el propio Teatro Real) justificaba la ubicación del espectáculo operístico en el Madrid Arena (de enorme aforo y pésima acústica, pese a que se trató con sofisticados equipos de sonido de aminorar los ruidos y reverberaciones indeseadas) y no en el histórico coliseo operístico de la Plaza de Oriente. Unos gigantescos efectivos musicales, dos coros y una orquesta de alrededor de 140 músicos (la SWD de Baden-Baden-Freiburg) con una variadísima plantilla de percusiones, más los cantantes solistas, formaban el numeroso plantel bajo la dirección del experto y profundo conocedor de la partitura, el director francés Sylvain Cambreling.
La versión musical fue de altísimo nivel tanto en lo vocal (maravillosa la soprano Camilla Tilling como Angel, y Alejandro Marco-Burmehster en el papel protagonista, San Francisco, y muy bien los hermanos “franciscanos“ Von Halem, el leproso, König) como en lo instrumental y la puesta en escena , sobria, respetuosa y creativa (inolvidable la escena del Leproso, personaje al que va unido un mimo enteramente vestido de negro literalmente enrollado en una tela negra que simboliza la lacerante enfermedad y que, por Amor, San Francisco asume como propia, curando al Leproso), lo que no está nada mal para estos tiempos de excesos, fealdad, provocaciones gratuitas, excentricidades y groserías.
Sin embargo, no quiero, pese a mi condición de músico y crítico, centrarme únicamente en la faceta estrictamente musical, sino en el impacto emocional y espiritual de esta gran página operística, de un misticismo inigualable y en la que se pudo constatar el triunfo de lo paradójico: pese a la grandiosidad y lo costoso de los medios musicales y materiales, la obra no se impuso por su aparatosidad, sino por sus innegables sencillez y espiritualidad, tanto en el texto como en la Música.
El numeroso público que no abandonó el recinto (para vergüenza de todos, hubo algunos espectadores que abandonaron la sala con grandes aspavientos, tras el segundo acto, una vez que hubieron devorado y digerido el canapé del primer entreacto, molestando a los artistas y a los que escuchábamos respetuosamente) vivió intensamente no solo una función de Opera, sino una experiencia de gran espiritualidad de la mano de la maravillosa música de Messiaen
(modernísima, de enorme riqueza tímbrica, pero inteligible y emocionante) y también gracias a su sólido libreto, lleno de sabiduría y amor cristiano, escrito por el propio compositor francés.
La obra dividida en tres actos y numerosas escenas relata episodios ciertos y ficticios, pero de gran verosimilitud, sobre la vida humilde, sencilla, auténtica, de San Francisco y de los hermanos franciscanos. Asimismo, lo sobrenatural está presente, con la sobrecogedora presencia del Angel y especialmente, al comienzo del tercer Acto , la de Dios Nuestro Señor, a través del imponente coro y la orquesta, que se manifiesta en toda su majestuosidad, logrando unos momentos de inolvidable y sincera emoción.
Y se hizo el milagro, tanto para creyentes como, según yo mismo pude constatar, para los no creyentes: la representación nos transfiguró y la gran y moderna Opera , la Música y el Teatro hermanados en la forma musical reina, nos acercó a lo mejor de nosotros mismos, un poco más cerca de nuestro Creador, de la mano del santo de la humildad, la pobreza y la caridad, San Francisco. ¿No se trata, en verdad, del triunfo de una paradoja?
Luis Agius, 4 de Septiembre de 2011
Representación del 11 de Julio de 2011.
Como un justificado acontecimiento, el Teatro Real presentó, con amplio despliegue publicitario, la apuesta más arriesgada y la única acertada hasta el momento del por otra parte, controvertido director artístico del Teatro, el belga Gerard Mortier (cuyos nefastos, provocadores, y fatuos criterios artístico-musicales padecemos desde esta temporada), esto es, una notable producción de la maravillosa obra maestra del gran compositor francés Olivier Messiaen, la magna Opera de tema religioso,“San Francisco de Asís”.
Esta extraordinaria Opera, inspirada en episodios de la vida del santo, de más de 6 horas de duración (descansos incluidos) se ponía en escena en Madrid por vez primera desde su estreno parisino en 1983, con una impactante escenografía de los hemanos Kabakov (una gigantesca cúpula de acero y cristal de 22 toneladas de peso, cuya iluminación cambiaba según las escenas y la temática de la acción, bajo la cual se situaron coro y orquesta) lo que , en teoría, (pero no en la práctica, la Opera hubiera debido ofrecerse con una escenografía más reducida en el propio Teatro Real) justificaba la ubicación del espectáculo operístico en el Madrid Arena (de enorme aforo y pésima acústica, pese a que se trató con sofisticados equipos de sonido de aminorar los ruidos y reverberaciones indeseadas) y no en el histórico coliseo operístico de la Plaza de Oriente. Unos gigantescos efectivos musicales, dos coros y una orquesta de alrededor de 140 músicos (la SWD de Baden-Baden-Freiburg) con una variadísima plantilla de percusiones, más los cantantes solistas, formaban el numeroso plantel bajo la dirección del experto y profundo conocedor de la partitura, el director francés Sylvain Cambreling.
La versión musical fue de altísimo nivel tanto en lo vocal (maravillosa la soprano Camilla Tilling como Angel, y Alejandro Marco-Burmehster en el papel protagonista, San Francisco, y muy bien los hermanos “franciscanos“ Von Halem, el leproso, König) como en lo instrumental y la puesta en escena , sobria, respetuosa y creativa (inolvidable la escena del Leproso, personaje al que va unido un mimo enteramente vestido de negro literalmente enrollado en una tela negra que simboliza la lacerante enfermedad y que, por Amor, San Francisco asume como propia, curando al Leproso), lo que no está nada mal para estos tiempos de excesos, fealdad, provocaciones gratuitas, excentricidades y groserías.
Sin embargo, no quiero, pese a mi condición de músico y crítico, centrarme únicamente en la faceta estrictamente musical, sino en el impacto emocional y espiritual de esta gran página operística, de un misticismo inigualable y en la que se pudo constatar el triunfo de lo paradójico: pese a la grandiosidad y lo costoso de los medios musicales y materiales, la obra no se impuso por su aparatosidad, sino por sus innegables sencillez y espiritualidad, tanto en el texto como en la Música.
El numeroso público que no abandonó el recinto (para vergüenza de todos, hubo algunos espectadores que abandonaron la sala con grandes aspavientos, tras el segundo acto, una vez que hubieron devorado y digerido el canapé del primer entreacto, molestando a los artistas y a los que escuchábamos respetuosamente) vivió intensamente no solo una función de Opera, sino una experiencia de gran espiritualidad de la mano de la maravillosa música de Messiaen
(modernísima, de enorme riqueza tímbrica, pero inteligible y emocionante) y también gracias a su sólido libreto, lleno de sabiduría y amor cristiano, escrito por el propio compositor francés.
La obra dividida en tres actos y numerosas escenas relata episodios ciertos y ficticios, pero de gran verosimilitud, sobre la vida humilde, sencilla, auténtica, de San Francisco y de los hermanos franciscanos. Asimismo, lo sobrenatural está presente, con la sobrecogedora presencia del Angel y especialmente, al comienzo del tercer Acto , la de Dios Nuestro Señor, a través del imponente coro y la orquesta, que se manifiesta en toda su majestuosidad, logrando unos momentos de inolvidable y sincera emoción.
Y se hizo el milagro, tanto para creyentes como, según yo mismo pude constatar, para los no creyentes: la representación nos transfiguró y la gran y moderna Opera , la Música y el Teatro hermanados en la forma musical reina, nos acercó a lo mejor de nosotros mismos, un poco más cerca de nuestro Creador, de la mano del santo de la humildad, la pobreza y la caridad, San Francisco. ¿No se trata, en verdad, del triunfo de una paradoja?
Luis Agius, 4 de Septiembre de 2011
lunes, 7 de febrero de 2011
EL VERDADERO MAS ALLA
EL VERDADERO MAS ALLA
Desde los tiempos más remotos, el ser humano se ha planteado la capital cuestión de la existencia de un “más allá” como prolongación de la vida terrena, una vez llegado el momento, inapelable e inexorable, de cruzar el umbral que separa la vida de la muerte.No es momento ni lugar de resumir o compendiar la Historia de la Filosofía, de la Religión, o de las Ideas y de los Anhelos, pero quizá sí de reflexionar en voz alta y poner sobre la mesa de debate las abruptas e insostenibles contradicciones en las que cae la sociedad actual que, hambrienta de respuestas y consuelos, pero, sobre todo, de soluciones inmediatas a su podedrumbre espiritual, huye del hecho místico y religioso para refugiarse en el dudoso y un tanto tenebroso “mundo de los espíritus”, “mediums” y nigromantes.
¿Se trata de volver a la más tópico del siglo XIX, a los tiempos de los espiritistas de salón, a los tiempos del timo y el escándalo, a Madame Blavatsky, Alastair Crowley y los teósofos?¿Hay que “resucitar” a los “mediums” de pacotilla que se paseaban por media Europa y América y por cuya boca muda hablaban los “espíritus desencarnados“? La respuesta tristemente, resulta obvia.Parece que hay que sustituir anestésicos periclitados contra el sufrimiento ,el dolor, la muerte y lo que es peor, la incertidumbre, que no es bien soportada por la falible condición humana.
Hombres bienintencionados han de formularse algunas cuestiones, entre éllas, la fundamental: ¿por qué una sociedad en decadencia moral y espiritual y en su esencia, materialista, mecanicista y economicista al borde de un cierto colapso, pero que se resiste a desmoronarse y que sigue rechazando y huyendo de la figura de un Ser Superior y Creador, admite por el contrario ,como único vestigio de lo sobrenatural el “contacto” con los “espíritus” (ni siquiera se les reconoce la condición de “almas”) de los seres humanos fallecidos?
Semejante reflexión, tediosa para algunos, es sin embargo crucial en nuestra concepción de lo más importante, que es la Vida y no la Muerte, y viene a colación a partir del fragor mediático ( pese a que desde hace tiempo hay algún engendro televisivo en el que aparece una medium en contacto, realizando “lecturas”¿?) que ha provocado la última película del justamente renombrado actor y director norteamericano, Clint Eastwood (autor de una película tan conmovedora como “Los Puentes de Madison”), film titulado “Más Allá de la Vida”.La película, pese a su buena factura, defrauda y naufraga, porque, entre otras cosas, hay un gran ausente, al que se omite de forma clamorosa: Dios.
La teología católica es clara y terminante respecto al más allá y su doctrina es bien conocida.Respecto de los seres humanos que traspasan los límites de esta vida, el dogma nos habla claramente de la división del Hombre como criatura creada por Dios, en “Cuerpo” y “Alma” frente a las concepciones de los espiritistas, que hablan de una triple división (cuerpo, espíritu y alma) o de otros, que hablan de “cuerpos astrales”…
La “moda” que aquí pretende imponerse , a raíz del film citado,de “contacte usted con su familiar fallecido a través de un medium posmoderno,fiable y políticamente correcto” es un auténtico disparate, una aberración intelectual y una pantomima.
Disparate, porque si bien cada cual es libre de creer en lo que quiera, tales “espíritus” ,que pueden “existir” en la imaginación, en el anhelo o en el deseo subjetivos, no “son” entidades reales objetivables, o categorías intelectuales sujetas a razonamiento, como sí lo es el alma humana,en su concepción cristiana, preciado y precioso reducto del hálito divino.
Aberración intelectual, pues si la firme creencia en el más allá ha de basarse en “experiencias post mortem” con un rápido retorno a la vida física y en el contacto y en la “comunicación” de determinados mensajes (por lo demás, banales, llenos de lugares comunes,o muy vagos, y en la inmensa mayoría de los casos, confusos), la razón humana se ha oscurecido completamente (¿acaso no sería más “razonable” creer en un Ser Superior, Creador Omnisciente, Sabio, Bueno y Justo, defensor de la Verdad y la Vida, la Belleza y el Amor?).
Pantomima, por último, porque se hace triste, sensiblero, ramplón y vergonzoso espectáculo mediático de esa supuesta “comunicación” con seres fallecidos.
Es de lamentar profundamente que en la película de Eastwood se formule la velada acusación consistente en que “no interesa al lobby religioso” (sic) que se conozcan las experiencias cercanas a la muerte y la existencia de posible comunicación con los seres humanos fallecidos, en definitiva, la existencia “real“ de un “más allá“.En lo que toca a la religión y en particular al Cristianismo, que hay vida tras la muerte lo dijo, hace 2000 años, Jesús de Nazaret, para millones de hombres y mujeres de este planeta, Dios y Hombre Verdadero y la Iglesia católica y las confesiones protestantes lo reafirman y confirman cada día.Salvo error u omisión, la Iglesia Católica jamás ha negado lo sobrenatural bien entendido, es decir ,lo que permítaseme la expresión sería el “verdadero más allá”: el del reencuentro gozoso, jubiloso con nuestros seres queridos en la Presencia y el Amor infinito de Dios Nuestro Señor, en la inmensa alegría de la realización de nuestros más nobles ideales y anhelos, queridos para nosotros por el Creador.
Basta, pues , de dislates, engaños y pantomimas.Hagamos lo que siempre el ser humano ha hecho con los muertos: honrarlos, respetarlos y recordarlos.Del resto, se encargan, sin duda alguna, las Mejores Manos.
Luis Agius
1 de Febrero de 2011
Desde los tiempos más remotos, el ser humano se ha planteado la capital cuestión de la existencia de un “más allá” como prolongación de la vida terrena, una vez llegado el momento, inapelable e inexorable, de cruzar el umbral que separa la vida de la muerte.No es momento ni lugar de resumir o compendiar la Historia de la Filosofía, de la Religión, o de las Ideas y de los Anhelos, pero quizá sí de reflexionar en voz alta y poner sobre la mesa de debate las abruptas e insostenibles contradicciones en las que cae la sociedad actual que, hambrienta de respuestas y consuelos, pero, sobre todo, de soluciones inmediatas a su podedrumbre espiritual, huye del hecho místico y religioso para refugiarse en el dudoso y un tanto tenebroso “mundo de los espíritus”, “mediums” y nigromantes.
¿Se trata de volver a la más tópico del siglo XIX, a los tiempos de los espiritistas de salón, a los tiempos del timo y el escándalo, a Madame Blavatsky, Alastair Crowley y los teósofos?¿Hay que “resucitar” a los “mediums” de pacotilla que se paseaban por media Europa y América y por cuya boca muda hablaban los “espíritus desencarnados“? La respuesta tristemente, resulta obvia.Parece que hay que sustituir anestésicos periclitados contra el sufrimiento ,el dolor, la muerte y lo que es peor, la incertidumbre, que no es bien soportada por la falible condición humana.
Hombres bienintencionados han de formularse algunas cuestiones, entre éllas, la fundamental: ¿por qué una sociedad en decadencia moral y espiritual y en su esencia, materialista, mecanicista y economicista al borde de un cierto colapso, pero que se resiste a desmoronarse y que sigue rechazando y huyendo de la figura de un Ser Superior y Creador, admite por el contrario ,como único vestigio de lo sobrenatural el “contacto” con los “espíritus” (ni siquiera se les reconoce la condición de “almas”) de los seres humanos fallecidos?
Semejante reflexión, tediosa para algunos, es sin embargo crucial en nuestra concepción de lo más importante, que es la Vida y no la Muerte, y viene a colación a partir del fragor mediático ( pese a que desde hace tiempo hay algún engendro televisivo en el que aparece una medium en contacto, realizando “lecturas”¿?) que ha provocado la última película del justamente renombrado actor y director norteamericano, Clint Eastwood (autor de una película tan conmovedora como “Los Puentes de Madison”), film titulado “Más Allá de la Vida”.La película, pese a su buena factura, defrauda y naufraga, porque, entre otras cosas, hay un gran ausente, al que se omite de forma clamorosa: Dios.
La teología católica es clara y terminante respecto al más allá y su doctrina es bien conocida.Respecto de los seres humanos que traspasan los límites de esta vida, el dogma nos habla claramente de la división del Hombre como criatura creada por Dios, en “Cuerpo” y “Alma” frente a las concepciones de los espiritistas, que hablan de una triple división (cuerpo, espíritu y alma) o de otros, que hablan de “cuerpos astrales”…
La “moda” que aquí pretende imponerse , a raíz del film citado,de “contacte usted con su familiar fallecido a través de un medium posmoderno,fiable y políticamente correcto” es un auténtico disparate, una aberración intelectual y una pantomima.
Disparate, porque si bien cada cual es libre de creer en lo que quiera, tales “espíritus” ,que pueden “existir” en la imaginación, en el anhelo o en el deseo subjetivos, no “son” entidades reales objetivables, o categorías intelectuales sujetas a razonamiento, como sí lo es el alma humana,en su concepción cristiana, preciado y precioso reducto del hálito divino.
Aberración intelectual, pues si la firme creencia en el más allá ha de basarse en “experiencias post mortem” con un rápido retorno a la vida física y en el contacto y en la “comunicación” de determinados mensajes (por lo demás, banales, llenos de lugares comunes,o muy vagos, y en la inmensa mayoría de los casos, confusos), la razón humana se ha oscurecido completamente (¿acaso no sería más “razonable” creer en un Ser Superior, Creador Omnisciente, Sabio, Bueno y Justo, defensor de la Verdad y la Vida, la Belleza y el Amor?).
Pantomima, por último, porque se hace triste, sensiblero, ramplón y vergonzoso espectáculo mediático de esa supuesta “comunicación” con seres fallecidos.
Es de lamentar profundamente que en la película de Eastwood se formule la velada acusación consistente en que “no interesa al lobby religioso” (sic) que se conozcan las experiencias cercanas a la muerte y la existencia de posible comunicación con los seres humanos fallecidos, en definitiva, la existencia “real“ de un “más allá“.En lo que toca a la religión y en particular al Cristianismo, que hay vida tras la muerte lo dijo, hace 2000 años, Jesús de Nazaret, para millones de hombres y mujeres de este planeta, Dios y Hombre Verdadero y la Iglesia católica y las confesiones protestantes lo reafirman y confirman cada día.Salvo error u omisión, la Iglesia Católica jamás ha negado lo sobrenatural bien entendido, es decir ,lo que permítaseme la expresión sería el “verdadero más allá”: el del reencuentro gozoso, jubiloso con nuestros seres queridos en la Presencia y el Amor infinito de Dios Nuestro Señor, en la inmensa alegría de la realización de nuestros más nobles ideales y anhelos, queridos para nosotros por el Creador.
Basta, pues , de dislates, engaños y pantomimas.Hagamos lo que siempre el ser humano ha hecho con los muertos: honrarlos, respetarlos y recordarlos.Del resto, se encargan, sin duda alguna, las Mejores Manos.
Luis Agius
1 de Febrero de 2011
miércoles, 25 de agosto de 2010
El drama del humanismo ateo
Retomo este blog animado por un amigo. Acabo de terminar un ya clásico ensayo: "El drama del humanismo ateo" de Henri de Lubac, publicado por primera vez en 1944, editado por Ed. Encuentro en 2008, con prólogo de Valentí Puig. Me ha costado: es denso y prolijo, pero muy sugerente. Analiza el autor el pensamiento de Nietzche, Auguste Comte y otros autores, y en el tramo final, Dostoievski, concentrando su atención en "Los hermanos Karamazov". La síntesis del libro es esta: "no es verdad que el hombre no puede organizar la tierra sin Dios. Lo cierto es que, sin Dios no puede, a fin de cuentas, más que organizarla contra el hombre". Y este es, a juicio del autor, el resumen de muchos de los errores del siglo XX: el intento de organizar la vida social, política, económica, cultural sin Dios, prescindiendo deliberadamente de Dios, al que se veía como un obstáculo para la plena realización del hombre, para que el hombre alcanzara su libertad y su plenitud, ha devenido en la más cruel organización contra el hombre de toda la historia: el siglo con más guerras, más atropellos de la libertad del hombre, más muertos por la violencia del hombre... Cita las famosas palabras de Dostoievski: "si no existe Dios, ¡ay del hombre!". Lúcido ensayo para lectores que no temen los ensayos que requieren estudio.
jueves, 12 de febrero de 2009
“Según Gallup, apoyar el aborto, lo más impopular que ha hecho Obama"
www.gallup.com/ comentario en www.aceprensa.com/miércoles 4 de febrero de 2009
Gallup ha realizado entre los días 30 de enero y 1 de febrero una encuesta telefónica a una muestra de más de mil ciudadanos norteamericanos acerca de las siete principales decisiones tomadas por el presidente Barack Obama en los diez primeros días de su mandato. Tres de cada cuatro consultados (76%) aprueban el nombramiento de enviados especiales a Afganistán, Pakistán y Oriente Próximo, así como el establecimiento de criterios éticos más rigurosos para el personal que trabaja en la Administración. En proporción casi igual (74%), los estadounidenses alaban los límites impuestos a las técnicas de interrogatorio a prisioneros y la orden para que los automóviles contaminen menos. Dos de cada tres encuestados están a favor de la ley que facilita las demandas por discriminación laboral.
En cambio, el levantamiento del veto a la financiación federal para organizaciones que promueven el aborto en el extranjero (ver Aceprensa, 27-01-2009) sólo obtiene el apoyo del 35% de los encuestados. Es la medida más impopular de las siete, con un 58% de opiniones contrarias. La otra que tampoco recibe aprobación mayoritaria (44% a favor y 50% en contra) es la orden de cerrar la prisión de Guantánamo en el plazo de un año.
Como cabía suponer, las decisiones de Obama cuentan con más respaldo de los electores demócratas, que aprueban mayoritariamente todas. Pero la mayoría de los republicanos se muestran a favor de cuatro de las siete medidas, y quienes no se identifican con ninguno de los dos partidos solo dan menos del 50% de apoyo a la de Guantánamo y la del aborto. Esta última es aprobada por el 59% de los demócratas, el 8% de los republicanos y el 33% de los independientes.
Se puede ver más detalles en la web de Gallup:
http://www.gallup.com/poll/114091/Americans-Approve-Obama-Actions-Date.aspx
Gallup ha realizado entre los días 30 de enero y 1 de febrero una encuesta telefónica a una muestra de más de mil ciudadanos norteamericanos acerca de las siete principales decisiones tomadas por el presidente Barack Obama en los diez primeros días de su mandato. Tres de cada cuatro consultados (76%) aprueban el nombramiento de enviados especiales a Afganistán, Pakistán y Oriente Próximo, así como el establecimiento de criterios éticos más rigurosos para el personal que trabaja en la Administración. En proporción casi igual (74%), los estadounidenses alaban los límites impuestos a las técnicas de interrogatorio a prisioneros y la orden para que los automóviles contaminen menos. Dos de cada tres encuestados están a favor de la ley que facilita las demandas por discriminación laboral.
En cambio, el levantamiento del veto a la financiación federal para organizaciones que promueven el aborto en el extranjero (ver Aceprensa, 27-01-2009) sólo obtiene el apoyo del 35% de los encuestados. Es la medida más impopular de las siete, con un 58% de opiniones contrarias. La otra que tampoco recibe aprobación mayoritaria (44% a favor y 50% en contra) es la orden de cerrar la prisión de Guantánamo en el plazo de un año.
Como cabía suponer, las decisiones de Obama cuentan con más respaldo de los electores demócratas, que aprueban mayoritariamente todas. Pero la mayoría de los republicanos se muestran a favor de cuatro de las siete medidas, y quienes no se identifican con ninguno de los dos partidos solo dan menos del 50% de apoyo a la de Guantánamo y la del aborto. Esta última es aprobada por el 59% de los demócratas, el 8% de los republicanos y el 33% de los independientes.
Se puede ver más detalles en la web de Gallup:
http://www.gallup.com/poll/114091/Americans-Approve-Obama-Actions-Date.aspx
viernes, 3 de octubre de 2008
Alexander Solthenitsyn, un alma en el exilio
Acabo de leer la biografía de Joseph Pierce sobre el Premio Nobel, "Solthenitsyn, un alma en el exilio", editada por Ciudadela. El escritor que desveló los horrores de los campos de concentración soviéticos en el "Archipiélago Gulag", aparece en su evolución desde su infancia educada por su familia en el cristianismo ortodoxo, su posterior evolución al marxismo convencido y su militancia comunista. Hasta su alejamiento de esas posturas motivado por los diez años de internamiento en un campo de trabajos forzados en Siberia. El comportamiento cruel e inhumano de los carceleros y de las autoridades soviéticas le desengañaron del comunismo. La palabra, las conversaciones y el ejemplo de los cristianos internados en esos campos le acercaron a la fe de su infancia. Estos hechos fueron reflejados magistralmente en sus novelas "El primer círculo" y "Pabellón del cáncer". Reunió material durante años para la publicación de los horrores de los campos de concentración en "El archipiélago Gulag", obra monumental recientemente republicada en tres volúmenes. Pero su primera obra que dio a la imprenta, la que le dio la fama fue "Un día en la vida de Iván Denisovich", editada en la revista Novy Mir y autorizada personalmente por Nikita Kruschev, Secretario del Partido Comunista de la URSS, con la oposición de la mayoría del Politburó soviético, que pronto alcanzó una difusión de millones de ejemplares en al Unión Soviética; fue la primera obra que se publicó, fruto de la desestalinización, en la antigua URSS sobre los horrores de los campos de concentración y produjo una conmoción en la sociedad soviética. Perseguido y aclamado, no pudo recoger el Premio Nobel que se le concedió en 1974. Fue expulsado de su país. Primero en Suiza y después en Canadá, dedicó el resto de su larga etapa en el exilio a escribir la tetralogía "La rueda roja", magna historia rusa cuyo primer tomo es "Agosto 1914", único de los cuatro volúmenes traducidos hasta ahora al castellano.
Alexander Solthenitsyn nunca dejó de decir la verdad por incómoda que pudiera resultar. Su famosa conferencia a occidente de Harvard, criticando el materialismo occidental le granjeó la enemistad de parte de la intelectualidad europea y americana. Falleció este verano del 2008. Todo esto y las persecuciones del KGB, la temible policía secreta soviética, y su entrañable trato con su familia, han sido recogidos en esta magistral biografía literaria de Joseph Pierce editada por Ed. Acantilado, que recomiendo.
Alexander Solthenitsyn nunca dejó de decir la verdad por incómoda que pudiera resultar. Su famosa conferencia a occidente de Harvard, criticando el materialismo occidental le granjeó la enemistad de parte de la intelectualidad europea y americana. Falleció este verano del 2008. Todo esto y las persecuciones del KGB, la temible policía secreta soviética, y su entrañable trato con su familia, han sido recogidos en esta magistral biografía literaria de Joseph Pierce editada por Ed. Acantilado, que recomiendo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)